8 cosas que los emprendedores pueden aprender de los más chicos

cosas que los emprendedores pueden aprender de los más chicos

Al igual que un emprendimiento, los primeros años de vida de un bebé son algo increíble. ¿Hermoso? Sí. ¿Muy trabajoso? También. Pero algo asombroso pasa: uno es el principal testigo de cómo día a día crecen y cómo con cada nuevo acontecimiento se van desarrollando. Como dije, igual que un emprendimiento. 🙂

Si tenés la oportunidad de estar cerca de algún chico y verlo crecer, seguro coincidís conmigo que nunca dejan de sorprendernos y es asombroso verlos formarse. En mi caso, tengo un nene de dos años y una y otra vez la misma idea me viene a la cabeza: si uno ya de adulto pudiera mantener esas características propias de los primeros años de los chicos… ¡Cuánto que ayudaría a recorrer el camino del mundo emprendedor!

Mirá qué te parece esta lista que armé en base a mi hijo de dos años y contame si no tenemos mucho para aprender de ellos:

1. Ser perseverantes

Cuando un nene quiere algo, no se cansa de intentar conseguirlo. Sin importar cuántas veces le digan que no, insiste, vuelve a insistir y sigue insistiendo. No hay -casi- nada que lo detenga y no se dan por vencidos fácilmente.

En el mundo emprendedor, la perseverancia es clave. Si uno decae ante los primeros problemas, no será largo el trayecto a recorrer. Es importante recordar que siempre hay que seguir peleando por ese objetivo buscado.

2. Saber negociar

Como decía antes, “casi” nada los detiene. Pero si ven que hay algún obstáculo para llegar a su meta, comienza la próxima etapa: la negociación. ¿El objetivo? Obtener las mejores condiciones de la situación. Una capacidad que parecería innata y es increíble, in-cre-í-ble.

Levante la mano la mamá/el papá que no haya dicho alguna de estas frases: “cinco minutos más y a dormir”, “este es el último, pero el último de verdad” o “comé toda la comida y después vemos”.

¿Cuán bueno sería poder mantener esta capacidad natural de negociar las mejores condiciones para cada cosa de nuestro emprendimiento? No es incómodo ni forzado, simplemente pasa y se trata de no tener miedo de pedir o conseguir lo que nos parezca es lo mejor para nuestro proyecto.

3. Salir de la zona de confort

El miedo al fracaso es algo natural en los adultos (algunos más, otros menos) pero se potencia cuando se trata de un proyecto propio. ¿Cuántas veces escuchaste la frase “es que tenés que salir de tu zona de confort”?

Creo que una tarde de babysitter con algún niño en tu vida puede darte la mejor de las inspiraciones. Ellos son increíbles: no le tienen miedo a lo nuevo ni a que les vaya mal. No sólo están abiertos a nuevas experiencias, sino que les encanta probarlas. No tienen prejuicios de nada ni de nadie.

4. Disfrutar el momento

Para los chicos, el camino es tan importante como el destino. Ellos disfrutan de cada momento, viven en el presente. Un viaje en auto a la casa de la tía se convierte en una oportunidad para descubrir un mundo nuevo por la ventana: otros autos, las vías del tren, los colores del semáforo, todo es una emoción.

Escuché varias veces de boca de distintos emprendedores (y la verdad es que lo comparto) el siguiente consejo: el proyecto al que uno se dedique tiene que ser algo que le apasione, porque en el camino uno se encuentra con muchas dificultades y sólamente peleando por algo que a uno realmente le guste lo va a poder sacar adelante.

A lo que me atrevo a sumar que, por esta misma razón, el desarrollo de un emprendimiento que nos apasione también nos puede enseñar a disfrutar el camino y no sólo preocuparnos por el resultado.

5. Desafiar los límites establecidos

En el mundo infantil no existe el status quo. Desde que adquieren la capacidad de entender que algo “no se puede”, también suman la habilidad para desafiarlo. “¿Así que no se puede apretar este botón? ¿Ah, no? Mirá cómo lo aprieto. ¿Comer con el tenedor? ¿Por qué? Si con la mano es mucho más divertido.” ¿Suena familiar?

Si no están de acuerdo con algo, van a probar desafiarlo y cambiarlo. Buscar una nueva manera, probar la forma que sea más “conveniente” (en su caso, porque es más divertida o más placentera). Pensémoslo en el mundo emprendedor… ¿Cuánto nos cuesta en general salir de “lo establecido”?

6. Saber pedir ayuda

Los chicos no tienen vergüenza en pedir ayuda. Así de simple. Si ven que no pueden lograr algo por su cuenta, no se rinden. Saben que pedir ayuda los va a acercar a su objetivo. Sin orgullo, sin pensarlo dos veces.

Como adultos, a veces nos cuesta pedir ayuda. Y como emprendedores… muchas veces. Se asumen tantos roles al mismo tiempo y se tiene la capacidad de hacer seguimiento de tantos temas diferentes a la vez, que a la hora de delegar o pedir la ayuda de un tercero, cuesta, y mucho.

7. Nunca dejar de aprender

A los más pequeños les encanta conocer cosas nuevas. Les encanta aprender y sorprenderse con ello. El ver cómo un nene de dos años aprende palabras nuevas todos los días es algo realmente maravilloso. Uno las dice, él las repite de la mejor manera que puede. Le encanta. La repite una y otra vez, no se cansa. Está realmente disfrutando de la experiencia.

Como adulto, tengo que admitir que me da envidia. ¡Cuánto me gustaría poder mantener esa capacidad de absorción de las cosas, de curiosidad, de sorpresa!

8. Conocer al público

¿Qué mejor para un emprendedor que conocer a su público objetivo? Poder saber a quién van dirigidos sus productos, quiénes son sus compradores, su audiencia. Conocerlos es tener ese poder de saber cómo actuar y comunicarse con ellos, qué les gusta y qué no.

Los chicos en eso la tienen clarísima. Conocen a su “público” y saben exactamente con quién pueden hacer qué. Por ejemplo: “¿Mamá? No me deja comer sin babero pero apenas lloro viene corriendo a ver qué pasa. Ideal para los besos que curan las heridas. ¿Papá? Perfecto para jugar tirados en el piso pero no me deja pararme arriba de los juguetes. ¿Abuelos? Una fiesta.”

No dejo de pensar cómo a medida que crecemos vamos perdiendo estas características y lo bueno que sería poder evitarlo. Pero también me parece que un negocio propio es como el “bebé” de cada emprendedor, ¿no? Entonces, sólo queda usar esa misma pasión que cada uno pone en su proyecto para evitar que estas cosas -tan presentes en los más chicos- se nos olviden en nuestro día a día.

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Jacqueline Resnik

Jacqueline es Licenciada en Comunicación de la Universidad de Buenos Aires y trabaja como Content Strategist en Tienda Nube. Amante de la moda y del diseño, le encanta conocer nuevos lugares en sus viajes y colecciona tazas de cada ciudad que visita.


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